A la vuelta del verano

P1170210No es mi intención amargar a nadie el final de las vacaciones pensando en el principio del curso que se aproxima, pero no estaría de más sentar unas pautas que nos hagan más llevadera esta transición entre este estado de media actividad propio del verano y el ritmo habitual del resto del año.

En primer lugar y ante todo: el descanso en verano (o en otra época del año, según las circunstancias de cada uno) es necesario.

En mi época de estudiante se nos decía que un músico debe mantenerse al cien por cien todo el tiempo. Cualquier parón suponía, teóricamente, una vuelta a la casilla de salida.

No estoy de acuerdo. En lo que a mí respecta, no. No es posible, ni física ni mentalmente, mantener un nivel de exigencia elevado durante todo el año, y año tras año. Toda persona tiene sus períodos de mayor actividad, seguidos de otros de descanso más o menos activo, en los que se regenera la motivación y el interés por seguir progresando. En esos momentos también se produce un descanso físico que puede atenuar o ayudar a prevenir sobrecargas y posibles lesiones.

No debemos olvidar que nuestra actividad como instrumentistas tiene un importante componente físico, además del intelectual y artístico.

Cualquier plan de entrenamiento para deportistas incluye uno o varios picos de forma, de duración variable, en los que el deportista busca estar al cien por cien de su rendimiento. Entre estos hay unas temporadas valle en las que se busca el descanso o la preparación para llegar al siguiente pico, según el ciclo de entrenamiento programado. No significa parar completamente y volver a empezar de cero cada vez, sino regresar a un buen nivel medio que nos permita hacer frente a nuestros compromisos profesionales, de estudio o deportivos, pero reservando un plus para los momentos verdaderamente importantes del año. Tenemos que planificar nuestro estudio para sacarle el mayor rendimiento posible cuando nos va a hacer falta: estar a tope el día del concierto, ni antes ni después.

En mi caso, la época del año donde hago deporte con menor intensidad es en diciembre y enero. Normalmente suelo correr del maratón de San Sebastián (el último domingo de noviembre), que suele ser mi mejor pico de forma, y aprovecho la temporada alrededor de Navidades para descansar. A mediados de enero empiezo un nuevo ciclo, buscando un pico hacia abril o mayo, cuando suelo correr otro maratón. Después, de cara al verano, suelo pasarme a la bicicleta. Este cambio me permite mantener una actividad física elevada con unos alicientes diferentes: participar en alguna marcha (Quebrantahuesos, Larra-Larrau…), algún viaje (Alpes, Pirineos…), etc., lo que me ayuda a seguir motivado. Y a mediados de agosto empiezo un nuevo ciclo de carrera a pie para preparar el siguiente maratón de San Sebastián.

En cuanto al oboe, mi período de menor intensidad de trabajo coincide con los meses de verano: julio y agosto. Y los dedico principalmente a descansar, a no ser que tenga algún compromiso. Durante el mes de julio apenas toco el oboe (espero que nadie se escandalice por decirlo en público) y en agosto empiezo con la recuperación para rendir adecuadamente desde el principio del curso.

Quiero que quede claro que lo que aquí describo es mi experiencia personal, lo que a mí me funciona. Conozco colegas que sí que necesitan mantener un mínimo de actividad instrumental para que no les resulte muy difícil recuperar su nivel. Cada uno tiene que conocerse a sí mismo para saber qué nivel de actividad y de descanso necesita. Tengamos también en cuenta que un profesional que ya tiene establecida su forma de tocar recuperará más rápido que un estudiante que aún no tiene su técnica afianzada.

Quizás lo que me permite, sin mayores problemas, dejar completamente de tocar durante varias semanas sea que tengo un protocolo de recuperación que me funciona y me permite recuperar mi nivel en muy poco tiempo.

Lo principal es elegir bien el tipo de estudio, saber el objetivo de cada ejercicio y, sobre todo, adecuar el nivel de exigencia al momento del año de que se trata.

Yo siempre, a finales de cada curso, dejo preparadas varias cañas que sé que van bien: tienen buen sonido pero, sobre todo pensando en la recuperación, son cómodas. De esta manera sé que si algo no funciona a la vuelta no es culpa de la caña; es solo culpa mía y del hecho de estar bajo de forma.

Los primeros días: ejercicios de sonido con la caña y con el oboe, acompañados de algún ejercicio de resistencia. Esta será la base del estudio, pero no lo único que haga. Después del sonido, alguna obra del repertorio que me resulte agradable y me devuelva la motivación. Seguramente el sonido no será el que debiera pero ¿qué esperaba? ¡Llevo tiempo sin tocar!

Pocos días después: además de sonido, mecánica. Escalas, arpegios, estudios, lo que se te ocurra. Pero siempre con metrónomo. Una de las cosas que falla cuando estamos técnicamente inseguros es que tendemos inconscientemente a tocar todo más deprisa. Ante todo, calma. Ahora lo importante es el control. La velocidad ya llegará. También sigo con algo de repertorio. Si no tengo pronto un compromiso concreto, cualquier obra que me guste.

Y ya habremos llegado a primeros de septiembre: las primeras clases, algún concierto. Para entonces ya suelo tener el nivel habitual y puedo dar clase o tocar en público sin problemas. Lógicamente, si tuviera un compromiso muy importante o con una obra de mucho requerimiento físico, los plazos de descanso se acortarían.

Hagamos una comparación con el deporte.

Mi objetivo suele ser correr el maratón a entre 4.15 y 4.30 minutos el kilómetro (atrás quedaron los años en que andaba alrededor de los 4 minutos el kilómetro). La primera semana que corro después del descanso de Navidades suelo hacer sesiones de 5 kilómetros a 5 minutos el kilómetro. Y me suele costar. ¡Y faltarían 37 kilómetros para acabar el maratón! Pero sé que es normal, que ya se pasará (al igual que el sonido del oboe de los primeros días ya mejorará). También sé que pronto recuperaré el fondo que he perdido (igual que sé que con la regularidad en el estudio fortaleceré el labio y podré tocar cualquier cosa). Si en este momento de inicio de la temporada quisiera hacer más kilómetros o más rápido me lesionaría, seguro. Y si intentara tocar (bien) el Concierto de Strauss al comienzo de la etapa de recuperación me desesperaría o me deprimiría.

Pero, lo más importante: hoy no es la carrera, hoy no es el concierto. Eso queda para el pico de forma; para el día del concierto o la fecha de la carrera. Si no lo planificamos bien, podemos llegar pasados de forma, o aburridos y desmotivados por llevar tres meses tocando lo mismo.

En las semanas siguientes voy aumentando la duración del entrenamiento y en las últimas semanas antes de la carrera, cuando ya tengo el fondo suficiente voy aumentando el ritmo y hago entrenamientos de series de velocidad. Las semanas previas a un concierto importante es el momento de rodar el repertorio, afianzarlo, coger seguridad.

El principal pico de forma de un estudiante de oboe suele buscarse entre los meses de abril y junio. Ahí es cuando se concentran los exámenes del conservatorio, conciertos fin de curso, pruebas para jóvenes orquestas o para colaboradores de orquestas profesionales, etc.

El principio del curso, prácticamente todo el primer trimestre, lo suelo dedicar a profundizar en la técnica: respiración, sonido, mecánica, etc. Recuperamos lo que se haya podido perder en el verano y buscamos el camino para avanzar.

Entre Navidades y Semana Santa ya no insisto tanto en lo ejercicios de técnica (doy por hecho que los alumnos los siguen haciendo en su casa, aunque quizá me equivoque…) y sí en los estudios y el repertorio.

El final del curso está casi en exclusiva destinado a dejar acabadas y rodar las obras del repertorio que se van a tocar en los exámenes y conciertos.

Por supuesto, este plan debe ser adaptado en la medida en que surjan conciertos o pruebas que obliguen a buscar otros picos de forma secundarios, o si el alumno tiene algún problema concreto que obligue a profundizar más en la técnica.

El simple hecho de disponer de un plan adecuado a nosotros, que nos permita visualizar todo el curso, contribuye por sí solo a que afrontemos el estudio con tranquilidad, sabiendo desde el primer día que tiene una motivación clara y unos objetivos definidos

La vuelta a la actividad habitual no tiene porqué ser un motivo de inquietud. No pensemos que con el verano se acaba lo bueno y que llegan meses de oscuridad. Ahora viene otra etapa, quizá menos relajada pero más motivadora, donde dejaremos de hacer unas cosas pero haremos otras que son, al menos, igual de interesantes.

Nos toca a nosotros buscar esos alicientes, esas pequeñas cosas dentro y fuera de la música, que hagan que disfrutemos de la vida durante todo el año.

JMR

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