Una de ciclistas

La Luchon-Bayona es una marcha cicloturista que se celebra cada dos años y recuerda la primera etapa de montaña que se incluyó en el Tour de Francia, allá por 1910. Son 320 kilómetros con seis puertos de montaña: Peyresourde, Aspin, Tourmalet, Soulor, Aubisque y Oskitz.

Nos juntamos varios amigos y nos inscribimos en la marcha. Era a primeros de junio.

La víspera viajamos hasta Bagnères de Luchon y el día de la prueba nos levantamos a las seis de la mañana. La salida era a las siete.

Una vez en la línea de salida nos comunican que ésta se retrasa una hora, para no coincidir con otra carrera que se disputa en la región. Con esto nos llega una preocupación: llegar a Bayona antes de que se haga de noche, porque la mayoría no hemos traído iluminación ya que calculábamos llegar hacia las nueve.

Empieza la marcha con buen tiempo. El Peyresourde se sube tranquilamente, y más teniendo en cuenta lo que vendrá después. El cuerpo parece que pide más, pero la cabeza dicta que e mejor ser prudentes. Una bonita bajada y subimos el Aspin, más o menos igual que el anterior.

Otra bajada y empezamos a subir el Tourmalet. Empieza a nublarse. A mitad de la subida nos cruzamos con los de la otra carrera, ésa que pretendían evitar retrasando la salida. En este puerto empiezan a notarse los kilómetros. En la bajada, ya con el cielo bastante cubierto y con un poco de lluvia, hace fresco.

En XXXXXXXX paramos a comer. Un par de amigos nos siguen con dos furgonetas donde llevamos un buen avituallamiento. En el pueblo empieza a llover, y no hemos llegado a la mitad de la prueba. Nos ponemos los chubasqueros y vuelta a la bici.

En el llano tengo que parar para atender ciertas necesidades y pierdo la rueda de mis compañeros. Me pego un buen calentón y les alcanzo un par de kilómetros después del principio de la subida del Soulor. Sigo con ellos unos kilómetros, pero aquí todos los esfuerzos se pagan: me encuentro débil, hace mal tiempo, todavía queda mucho… Un aviso a los de la furgoneta y me paro a beber y comer algo. Son solo unos minutos de descanso que luego se revelarán milagrosos. Sigo la subida a mi ritmo y nos volvemos a juntar todos en la cima (o lo que fuera, porque con esa niebla podríamos estar en cualquier parte).

Seguimos por el Circo de Litor, que en condiciones normales es un paisaje maravilloso, rumbo al Aubisque. No se ve nada. Es todo niebla y una llovizna persistente que te cala hasta el tuétano. Pero poco falta para el Aubisque, y luego vendrá una larga bajada, y lo que queda de etapa es mucho más llevadero.

Llegamos al puerto y desaparece la niebla. Pero se abren los cielos. Cae un aguacero de los de principios de verano que parece el Diluvio Universal. El agua nos acompaña toda la bajada, que se vuelve incómoda y peligrosa. Algunos se paran de vez en cuando en las cunetas o se refugian unos minutos en algún túnel. Al llegar a Laruns las manos no responden (y las piernas tampoco). Allí están las furgonetas y los que hemos sido previsores nos cambiamos toda la ropa. Aunque siga lloviendo, es reconfortante volver a entrar en calor. Pero otros deciden abandonar; ya han tenido suficiente por hoy.

Después de Laruns vienen unos kilómetros bastante llanos donde se disfruta yendo en pelotón. Se nos juntan varios participantes en la marcha y formamos un grupo de unos cuarenta. Varios de nuestros amigos andan muy fuertes. Y los demás, a rueda de ellos, disfrutamos de la velocidad. Rodamos a 40-45 por hora. Ya ha dejado de llover.

Bastante avanzada la tarde llegamos al col de Oskitz, que se sube fácil. Llovizna, pero no molesta. Ahora la preocupación es mayor. Dudamos de si podremos llegar a Bayona de día.

El atardecer nos alcanza por la colinas entre Donibane Garazi y Mauleón. Se me estropea el cambio y solo puedo poner el plato grande. Por suerte, las subidas no son muy largas y se aguanta fácil.

Son las nueve pasadas y está anocheciendo.

Cada vez se ve menos. Vamos muy rápidos, pero no llegaremos de día.

En cierto momento les aviso a los de la furgoneta que pararé en Hasparren.

Al llegar a Hasparren son casi las diez y es noche cerrada. Los que que llevan iluminación siguen, pero yo decido retirarme. Continuar sería correr un riesgo inútil.

Han sido 301 kilómetros en los que ha pasado de todo: hemos disfrutado subiendo unos puertos preciosos. He tenido un desfallecimiento del que me he recuperado sin problemas. Hemos tenido un poco de épica del ciclismo con la lluvia y el mal tiempo. Hemos disfrutado de la velocidad. Hemos visto el atardecer en unos parajes de maravilla. He tenido una avería que no me ha impedido continuar… y hemos sabido retirarnos a tiempo.

No he llegado a la meta. ¿Es eso un fracaso? ¿No vale de nada todo lo anterior? ¿Mejor no haber salido? Por supuesto que no. Todo lo anterior tiene valor. Todo quedará grabado. Todo es parte de mi vida.

Y aún queda el aliciente de hacerla otra vez. Esta vez entera.

¿Que qué tiene que ver todo esto con la música?

Pues no lo sé, pero me apetecía contarlo.

JMR

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