Elogio de la mediocridad

Mont VentouxEn nuestro oficio se nos entrena para ser los mejores, para dar el máximo de nosotros mismos y competir con el resto. Pero ¿donde está el límite? Si no eres el mejor, ¿eres un fracasado?

Número uno no hay más que uno, pero hay grandísimos profesionales por debajo (o al lado) de él, y cada uno debe encontrar su lugar dentro de este escalafón, el que le es más adecuado y le permite llevar una vida feliz y satisfactoria. Porque, a fin de cuentas, la vida es mucho más que ser un buen instrumentista, y tenemos que saber valorar todas nuestras capacidades en los ditintos ámbitos de nuestra existencia para tener una visión global de nosotros mismos que nos reafirme como lo somos que todos y cada uno de nosotros : personas. Todos diferentes, con aptitudes diversas, pero personas.

Me viene a la memoria un personaje de la célebre película “Amadeus”, de Milos Forman: Antonio Salieri. No sé cómo sería el personaje real, y tampoco me importa demasiado para la intención de este artículo; me quedo con lo que refleja la película: un gran músico, mejor que muchos otros y con una gran producción, pero obsesionado con la figura omnipresente de Mozart, hasta el punto de volverse loco e, internado en un manicomio, creerse culpable de la muerte del maestro. ¿Qué habría sido de él de no existir Mozart? Seguramente su obra seguiría siendo igual de poco conocida de lo que es, pero su existencia habría sido mucho más placentera. El gran error del personaje (repito que desconozco la historia de la persona real) es comparar constantemente su obra con la de un genio único, en lugar de saborear lo conseguido por él mismo y disfrutar de sus propias creaciones.

Otro ejemplo en otro ámbito: Claudio Chiapucci. Los más jóvenes ni habréis oído hablar de él, pero era una gran ciclista de principios de los años noventa. Su mala suerte hizo que coincidiera con un tal Miguel Indurain (este sí que os suena) y que casi siempre quedara por detrás de él. Si no hubiera habido un Miguelón, seguro que algo sabríais de Chiapucci. Pero como decía un célebre entrenador de fútbol: campeón no hay más que uno, el segundo es el mejor de todos los demás.

Nosotros mismos podemos caer en el error del Salieri cinematográfico: dejar de valorar objetivamente nuestros progresos porque hay alguien cerca de nosotros que lo hace mejor (estaría bien saber qué impresión de sí mismo tiene esa otra persona y si, a su vez, se está comparando con otras en una cadena sin fin) o porque el objetivo que tenemos en mente está aún lejos. Démonos tiempo: si la dirección es la correcta y hemos tomado las buenas decisiones, nuestra progresión seguirá, y la consecución de nuestros objetivos será únicamente cuestión de tiempo, y de trabajo. Y si los vientos de la vida acaban llevándonos por otros derroteros, quizá sea mejor reorientar las velas para llegar a buen puerto.

Yo siempre soñé con ganar una plaza en una orquesta sinfónica. Parecía que ese era mi destino, para lo que había estudiado y para lo que estaba preparado. Cuando gané la oposición para profesor del conservatorio (cosa que tuve la suerte de conseguir muy joven), pensé que era algo provisional, hasta que llegara mi oportunidad. Y lo seguí intentando durante años, pero nunca conseguí ganar una plaza de orquesta. Siempre ha habido alguien mejor que yo.

Han pasado más de veinticinco años desde que entré en el conservatorio y, a día de hoy, no le cambio mi puesto a ningún músico de ninguna orquesta. Por supuesto, soy feliz cuando toco como colaborador en alguna orquesta, pero no olvido que mi trabajo principal es hacer que mis alumnos toquen, y mantenerme al día con mi instrumento hace que tenga fresco lo que quiero transmitirles. Para mí es un gran placer enseñar lo que sé a la siguiente generación, estar en contacto con los jóvenes y disfrutar de sus ilusiones. He cambiado mi punto de vista y he aprendido a apreciar lo que tengo, sin echar de menos lo que podría haber tenido.

¿Qué quiero decir con todo esto? Que hacemos bien teniendo unas expectativas ambiciosas, pero que tenemos que saber adaptarlas luego a las circunstancias, y apreciar lo logrado, sin compararnos con otros ni lamentar lo que nos habría gustado conseguir pero no hemos logrado.

¿Es esto conformismo, es ser mediocre? Habrá quien lo entienda así. Pero yo sé que he luchado todo lo que he podido y que la vida me ha colocado en mi lugar, y es cosa mía verlo, valorarlo y sobre todo, disfrutarlo.

Ánimo a todos

JMR

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