La botella medio llena

DSCN9452Poco a poco se acerca el fin de curso y con él el momento donde analizaremos lo que hemos hecho en él, qué hemos conseguido y en qué podemos mejorar.

En el anterior artículo hablamos acerca de este proceso de reflexión y de cómo afrontarlo, y trambién de cómo el profesor debe ayudar a sus alumnos a que su autoevaluación sea constructiva. Hoy abordaremos el tema desde un punto de vista más global: cómo analizar nuestra situación con perspectiva y cómo hacer un enfoque que nos haga avanzar.

Es muy poco probable que hayamos logrado la perfección en todo lo que nos habíamos propuesto. Está muy bien buscar constantemente la perfección, siempre y cuando tengamos en cuenta que es intrínsecamente imposible de alcanzar: por muy lejos que hayamos llegado, sigue quedando camino por delante. La clave está en qué grado de exigencia o de tolerancia nos podemos permitir. Cuando nos contratan para un concierto debemos implicarnos plenamente y tocar lo mejor posible, porque alguien ha confiado en nosotros para hacerlo. Si tenemos que superar un examen o una prueba, de nosotros depende superar los objetivos que se nos pide para conseguir nuestro diploma. Pero más allá de esta obligacines objetivas, queda la sensación subjetiva que a nosotros se nos queda.

Es aquí cuando viene al caso el archiconocido símil de la botella medio llena o medio vacía, según la miremos con un punto de vista optimista o pesimista. Es pura matemática decir que en este caso las dos proposiciones son correctas. Pero, de hecho, raras veces la balanza entre lo que hemos hecho bien y lo que nos queda por mejorar está tan equilibrada. Normalmente enfocamos nuestro trabajo de músicos, profesionales o estudiantes, en mejorar algún apartado de nuestra técnica o de nuestra forma de tocar que no funciona como quisiéramos. El problema viene cuando este trabajo se convierte en una obsesión, y dejamos de ver que más allá de este aspecto tenemos muchas cosas que hacemos relamente bien y ya no valoramos. Les restamos importacia y parece que todo lo que hacemos está mal, únicamente porque hay algo que aún nos cuesta arreglar.

A lo largo de su vida activa todo músico pasa por altibajos que debe superar. A veces los malos momentos son debidos a problemas técnicos, otras veces anímicos, artísticos, laborales, de cualquier tipo. Sin una visión proactiva, centrada en superar el mal momento pero enfocada en avanzar y en tener una visión global de uno mismo, podemos caer en un torbellino que nos lleve al fondo del abismo.

Si caemos en el morbo enfermizo de mirar solo la parte vacía de la botella perdemos la perspectiva, no vemos cuanto de positivo tenemos, hasta no darnos cuenta de que nuestra botella no está realmente medio vacía, sino que está llena al noventa por ciento, y que esa obsesión por el diez por ciento restante nos está quitando las fuerzas y la motivación. Como siempre hemos comentado, no se trata de engañarse a uno mismo y minimizar la importancia de los problemas, sino de diagnosticarlos de la manera más objetiva posible y buscar un punto de apoyo desde el que avanzar. Tenemos que solucionar nuestros problemas, obviamente, pero la mejor manera de lograrlo no es, precisamente, obsesionarnos con ellos, sino haciendo un trabajo meditado y bien encaminado: a partir de lo que sabemos hacer bien, buscar el camino para mejorar en lo restante.

Si me permitís un consejo para vosotros y para vuestros alumnos, haced técnica, toda la que necesitéis pero, sobre todo, haced música. Dejad que las mejoras técnicas que vais logrando en la primera parte de vuestro estudio vayan impregnando toda vuestra forma de tocar pero no perdáis de vista que no son más que un medio para conseguir tocar con comodidad esa música que tanto nos emociona. Y siempre, siempre, acabad vuestro estudio tocando algo que realmente os guste, sea lo que sea y sea del nivel que sea.

Cuando hacemos un deporte calentamos, hacemos ejercicios específicos, flexiones, estiramientos, vamos al gimnasio, pero el día de la competición no recordamos cuantas repeticiones hemos hecho de tal o cual ejercicio, sino que nos concentramos en la carerra: el ritmo que llevamos, en qué grupo vamos, etc. y nuestro cuerpo, que está bien entrenado, agradece el trabajo técnico previo. Pero a nadie le han dado nunca por ganador en una carrera por haber hecho muchas flexiones la víspera.

Si conseguimos ir más allá del trabajo meramente técnico disfrutaremos más con la música, nuestros progresos serán más rápidos y los conseguiremos de manera más agradable, y valoraremos realmente lo que sabemos hacer.

Este enfoque positivo se lo debemos dar a todo lo que forma nuestra vida. Por eso me parece importante tener varios campos de actividad, de forma que unos compensen las carencias que pueda haber en otros. Y si somos verdaderamente objetivos en nuestra visión global de todos los aspectos veremos (en la mayoría de los casos, por supuesto) que nuestra vida no está medio llena o medio vacía, sino que está razonablemente plena, y nos daremos cuenta de lo que realmente tenemos.

Y si aún así no conseguís ver la botella medio llena, cortadle la parte superior.

¿Qué queda?

JMR

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