Apuntes de técnica IV. La columna de aire (4ª parte. Ejercicios)

11149663_558123037664092_1698594909357081127_oHoy continuaremos con la serie de artículos de técnica proponiendo una serie de ejercicios para afianzar nuestro control de la emisión y para conseguir seguridad en la afinación en cualquier tesitura. En el último artículo explicamos de qué depende el volumen del sonido (cantidad de aire que pasa por la caña) y de qué su altura (presión y velocidad de aire). Como vimos, a mayor presión, como cuando pasamos de vocalizar  O  a  vocalizar I, el aire adquiere más velocidad y el sonido sube, y al soplar más fuerte, aumenta la intensidad.

 

Pero la combinación de estos dos hechos tiene efectos curiosos que deben tenerse en cuenta. Si simplificamos el mecanismo y consideramos el apoyo en el diafragma como el depósito general desde el que enviamos el aire, la garganta como la tubería que lo canaliza y el entorno de la boca como la válvula que lo controla, podemos observar qué ocurre si modificamos solo alguna de las variables: si aumentamos el apoyo y hacemos pasar una mayor cantidad de aire por una tubería de igual diámetro, el aire se comprimirá, adquirirá más velocidad y la entonación subirá, si, por el contrario, hacemos pasar menos cantidad de aire por ese mismo tubo, pierde presión y el sonido bajará. La conclusión es que se hacen imprescindibles ciertas correcciones para mantener el sonido que deseamos. Si queremos hacer un crescendo, debemos ir ahuecando la garganta y la embocadura para que el aire que pasa no se comprima. Si hacemos diminuendo, debemos concentrar nuestra atención en la embocadura lo más cerca posible de la caña, para que el sonido no se nos caiga. Es fácil de comprobar haciendo una nota larga solo con la caña. No importa la nota de partida, que sea la que la caña nos proporcione sin esfuerzo. Comprobaremos que, si no corregimos la embocadura y lo que la rodea (garganta, posición de la lengua, músculos faciales), el sonido sube de altura al tiempo que crecemos y baja al disminuir. Y esto nos ocurrirá con cualquier nota que utilicemos.

 

Por tanto, el primer ejercicio que haremos (una vez que tengamos bien controladas las notas tenidas con la caña, claro está), será mantener la afinación de una nota desde del pp hasta el ff. Iremos echando progresivamente más cantidad de aire aumentando el apoyo en el diafragma, al tiempo que vamos abriendo la embocadura en la medida justa para que la nota se mantenga afinada. Cuidado: en todo momento tenemos que controlar la colocación de los labios, de forma que no se salgan.

 

El ejercicio contrario, de ff a pp, nos obligará a relajar gradualmente el apoyo en el diafragma, sin sobrepasar el punto crítico en el que perderíamos la continuidad del envío de aire, y a concentrar nuestra atención en el interior de la boca, que debe canalizar el poco aire que echamos al final de cada nota para que llegue en perfectas condiciones hasta la caña para conseguir que la afinación se mantenga. A mí me ayuda pensar en un embudo, que lleva el aire desde la garganta, que está bien abierta para no perder proyección de sonido hasta los dos incisivos superiores. También ayuda pensar en la pronunciación de una “Ufrancesa, o en dirigir el aire hacia los incisivos superiores. En este caso prestaremos especial atención a no apretar con los labios.

 

No nos queda más que unir los dos ejercicios precedentes: notas largas pp-p-mf-f-ff-mf-p-pp. Este ejercicio hay que hacerlo tranquilamente, buscando más las sensaciones correctas que hacer un gran número de repeticiones. También se puede hacer sentado, con lo que se hace más fácil sentir el apoyo del diafragma. Es interesante trabajarlo con cada una de las notas que podamos producir con la caña, velando por que la afinación de cada una permanezca invariable.

 

Hasta aquí hemos hecho una única nota en cada ejercicio, con un cambio progresivo en la intensidad del sonido que nos permitía ir corrigiendo poco a poco. Vamos a complicarlo un poco: después del crescendo, y antes de comenzar el diminuendo  volveremos a respirar, echamos el aire sobrante e inspiramos aire nuevo, y volvemos a atacar la nota justo en el punto en que la hemos dejado en cuanto a altura e intensidad. Esto nos obliga a memorizar cómo teníamos la colocación de todo el aparato de emisión, desde el diafragma hasta la embocadura, y a saber reproducirlo después de una pausa.

 

El siguiente paso será combinar los ejercicios anteriores con una cambio de nota, un semitono hacia arriba o hacia abajo, sin glissandosy haciendo coincidir el cambio con el ff. Podemos hacerlo con o sin pausa, pero en todo caso nuestra prioridad deberá seguir siendo el control del sonido con la mayor relajación posible.

Después de haber interiorizado el mecanismo por el que se produce cada nota, podemos empezar a buscar cada una por separado. Podemos ayudarnos de un afinador o, mejor aún, de un teclado o de otro oboísta. Encontraremos el el Si, el Do, el Do#, el Re, el Re#,etc. (se supone que con una buena caña se puede hacer hasta una octava. ¡Intentadlo!). Teóricamente, el Do correspondería con el registro grave del oboe, el Do# con el medio y el Re con el agudo aunque, lógicamente, la variación es progresiva y muy sutil entre dos notas próximas.

 

Podemos hacer todas las combinaciones de notas que se nos ocurran, todo ligado o con las articulaciones que queramos, con o sin pausas. Todos estos ejercicios nos ayudan a reconocer la posición de cada nota con cada nivel de intensidad y esta memorización, este sentir el tacto de la nota, nos ayudará mucho cuando tengamos que encontrar notas difíciles con el instrumento, porque sabremos cómo buscarlas. No importa demasiado con qué caña los hagamos, no hace falta que sea la mejor, porque a fin de cuentas no sabemos siempre con qué material tendremos que tocar y el ir variando de caña en los ejercicios nos ayudará a adaptarnos a cualquier circunstancia. Son un buen ejercicio de emisión cuando uno aún está buscando afianzar su técnica, y la mejor manera de calentar antes del trabajo diario.

 

Solo nos falta pasar estos ejercicios al instrumento: lo que hemos hecho para movernos un semitono es aproximadamente lo que necesitaremos para afinar una octava con el instrumento. Podemos repetir cada uno de los ejercicios anteriores trasladándolos al oboe, haciendo cambios de registro igual que hemos hecho cambios de notas con la caña, hasta que hayamos mecanizado el movimiento y sepamos reconocer el lugar de cada nota, hasta que seamos capaces de atacarlas directamente con su mejor sonoridad, o acceder a ellas desde cualquier intervalo, siempre con calidad y afinación.

 

Pero de eso hablaremos otro día.

 Ánimo

JMR 

 
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