Ante el síndrome postvacacional

WP_20141012_008 (1)Acaba de terminar agosto y con el inicio del curso llega la añoranza de las últimas semanas de relax, y parece que ante nosotros se alza una montaña de obligaciones, de cosas por hacer y que organizar. Se han terminado las vacaciones y empieza el nuevo curso. A todos nos gusta descansar y disponer del tiempo a nuestro antojo, pero tarde o temprano la vida real llega, y depende de nosotros disfrutar o no de la normalidad. ¿O es que no habéis tenido durante el verano algún día donde echabais de menos tener algo que hacer? ¿Y no hubo momentos durante el curso pasado en que os sentísteis francamente bien dedicados a vuestro trabajo?

El verano bien aprovechado ha sido una fábrica de recuerdos, un lugar al que podremos volver siempre que queramos recordando aquello con lo que tanto disfrutamos. Probablemente habremos desterrado de nuestra memoria todos los momentos desagradables que sin duda ocurrieron, y habremos elaborado inconscientemente un relato idealizado de lo que las vacaciones han sido. Por otro lado, vemos por delante una larga y oscura temporada de trabajo que nos separa de las próximas vacaciones.

Pero esto no tiene porqué ser así.

Si casi todos usamos un filtro positivo para el verano, ¿porqué no utilizarlo el resto del año? ¿Porqué no hacer de él nuestro punto de vista habitual sobre la vida? Somos nosotros mismos los que elegimos hacia donde orientar el foco de nuestra atención. Cuando el día amanece parcialmente nublado depende de cada uno dirigir la mirada hacia la parte del cielo que se mantiene azul o hacerlo hacia las nubes. Y si éstas tapan el sol, basta con saber esperar a que vuelva a brillar. Nuestro punto de vista no va a hacer que el tiempo cambie, pero hará que disfrutemos o no de la jornada. En vacaciones hemos disfrutado del dolce far niente, pero ahora podemos (debemos) disfrutar de la actividad, porque lo que ahora se nos ofrece no tiene porqué ser menos estimulante.

Pero ¿cómo sentirse optimistas con lo que tenemos por delante? Si ahora pretendemos abarcar con la mirada todo lo que tendremos que hacer en los próximos meses puede parecer que nos enfrentamos a una labor imposible, y con ello vendrán el desánimo y el estrés. Pero se dice que cualquier trabajo se puede realizar si se divide en partes lo suficientemente pequeñas, y es cierto. En otros artículos hemos hablado de la importancia de una correcta secuenciación. Ahora es el momento de ponerla en práctica: veamos qué es lo más urgente y qué puede esperar, analicemos qué trabajo depende de que se haya hecho correctamente el anterior, establezacmos prioridades y hagamos una planificación coherente. De esta manera el trabajo a realizar se hará más llevadero y disfrutaremos de cada etapa del proceso hasta llegar a nuestros objetivos.

Es cierto que el comienzo del curso da pereza, pero si la sabemos vencer desde un principio podemos encontrar alicientes en la vuelta al trabajo que nos ayuden a subir el ánimo. En mi caso, por estas fechas cada año empiezo a elegir  objetivos en todos los ámbitos de mi actividad: en el conservatorio, tocando y haciendo deporte. Estos días he diseñado el comienzo del curso en el conservatorio, me he comprometido para algunos conciertos y me he inscrito en mi proxímo maratón. Con estos objetivos marcados ya puedo establecer mi estrategia de estudio, mi disciplina de trabajo y mi plan de entrenamientos. Y como sé a qué me va a conducir esta planificación y qué me va a ayudar a conseguir, la llevaré a cabo con buen ánimo. No son objetivos de principio de curso, de los que duran una semana. Hace falta disciplina para cumplirlos, sobre todo ahora que las piernas duelen al entrenar y aún no hemos recuperado plenamente las sensaciones con el instrumento, pero es el tipo de disciplina que uno mismo se impone porque sabe que los resultados merecerán la pena: según el curso vaya adelante iremos buscando nuevos objetivos, revisaremos los actuales, analizaremos los resultados y estableceremos estrategias para seguir mejorando.

Que cada uno se marque sus propios objetivos según sus intereses y capacidades. Yo soy músico y hago deporte. Pero a otro le gustará la literatura, o el coleccionismo, el cine, la fotografía… y a todos nos gusta la música. Llenemos el curso de actividad. Busquemos alicientes. Así, sin darnos cuenta, llegará otra vez el fin de curso, y nos habremos ganado las siguientes vacaciones.

Ánimo a todos.

JMR

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