Apuntes de técnica V. Embocadura (1ª parte)

P1210263Ahora que ya hemos cogido el ritmo del curso es buen momento para recordar algunos conceptos e introducir otros nuevos en este repaso que poco a poco vamos haciendo de la técnica del oboe. Hasta ahora nos hemos fijado en la columna de aire, en su formación y en su control. Hoy empezaremos a dirigir nuestra atención a la conexión entre nuestro aparato respiratorio y el instrumento comenzando por la embocadura, y señalaremos algunos ejercicios que considero especialmente interesantes para los debutantes y que se pueden emplear con los alumnos de escuelas de música o como refuerzo y mejora de la técnica para oboístas más avanzados.

El oboe, al ser un instrumento de doble lengüeta es especialmente sensible a la colocación de los labios y a la presión que éstos ejercen sobre la caña. No tenemos, como otros instrumentos, una boquilla rígida sobre la que apoyarnos y por eso, sobre todo al principio, no es fácil encontrar el punto justo de sujeción de la caña entre los labios que evite descontrol en el sonido pero que, a su vez, permita que éste fluya con facilidad. Tenemos que tocar relajados, pero es imprescindible un mínimo de tensión para sujetar la caña y mantener la velocidad del aire. Además, la diferencia del tamaño y forma de los labios y de los dientes de cada instrumentista hace que se deba adaptar la teórica posición ideal a la morfología de cada uno.

La función de los labios es conducir el aire hasta la caña con la presión y cantidad deseadas evitando pérdidas. Además nos ayudan a buscar diferentes colores en el sonido efectuando ligeras variaciones en la presión ejercida sobre las comisuras. Para comenzar con el trabajo debemos partir de la posición más básica, con los labios hacia adentro, envolviendo los dientes. Más adelante profundizaremos en el control de la embocadura con otros ejercicios y otras explicaciones.

Con los principiantes es interesante hacer los siguientes ejercicios delante de un espejo:

1.- Sin la caña, les pediremos que metan los labios, observando en qué medida son capaces de forrar los dientes y evitar que los labios se vean desde fuera. Basta con que los labios estén hacia dentro de la boca, no hace falta ejercer presión alguna. La cara debe permanecer completamente relajada. Sobre todo es importante explicar a los alumnos que son los labios los que deben mantenerse en su sitio por sí mismos, y que no son los dientes los que los sujetan. Si al hacer este o los ejercicios siguientes quedaran los dientes marcados en el labio, deberíamos corregirlo lo antes posible.

2.- A continuación les pediremos que bajen la mandíbula lentamente, pero vigilando que los labios no se salgan. Es únicamente la articulación de la mandíbula la que debe moverse. Luego les diremos que vuelvan a la posición inicial y que repitan el movimiento. Les podemos decir que imaginen que están mascando chicle, sin abrir la boca pero con cuidado de no apretar. Al principio puede que les cueste un poquito, pero con algo de práctica lo conseguirán fácilmente. Les pediremos que repitan el ejercicio unas diez veces.

3.- Lo siguiente será introducir la caña en la embocadura: con los labios hacia adentro, les diremos que abran la boca y apoyen la caña en el labio inferior y que después la cierren. Por ahora no hace falta hacer sonar la caña, ni siquiera respirar. Se trata de que vean que son capaces de sujetar la caña sin apretar, encontrando la tensión justa. Después, repetiremos el ejercicio 2, bajando y subiendo la mandíbula sin despegar los labios. Al principio sujetaremos la caña con la mano, pero después no será necesario.

4.- Una vez hecho el ejercicio anterior solo nos falta hacer sonar la caña: una vez la caña apoyada en el labio inferior pediremos al alumno que haga una buen inspiración, que cierre la boca y que sople. En un principio basta con que mantenga un sonido estable y que los labios permanezcan en su sitio. Prestaremos especial atención a que al soplar no se modifique la posición de la embocadura. Si apreciamos cualquier imperfección (hinchar los carrillos, apretar, los labios se salen, etc.), es el momento de corregirla.

5.- Por último, repetiremos el ejercicio nº 2 manteniendo una nota larga. Bajaremos y subiremos la mandíbula sin sacar los labios. Lógicamente, el sonido bajará y subirá en consonancia (no confundir con las variaciones de altura del sonido explicadas en los artículos sobre la columna de aire, que se producen al variar la posición de la parte trasera de la lengua) pero lo más importante será que el sonido no se corte, de forma que el alumno pierda el miedo a relajar la embocadura y sea consciente de que existe un gran margen de flexibilidad de la misma, que más adelante podrá utilizar en cualquier circunstancia.

Este último ejercicio es interesante para oboístas de cualquier nivel como ejercicio de calentamiento o de relajación de la embocadura. Se puede hacer solo o combinado con otros ejercicios de emisión, siempre teniendo presente cual es su objetivo: encontrar en mejor control del sonido con la mínima tensión posible.

JMR

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