Apuntes de técnica VI. Embocadura (2ª parte)

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Cuando hace unas semanas empezamos a hablar de la embocadura en el oboe nos centramos en el trabajo de la misma en la iniciación con el instrumento. Hoy dedicaremos este artículo al trabajo en niveles más avanzados.

Es frecuente que, a pesar del trabajo del alumno y de la atención del profesor, llegue un momento en el que detectemos un exceso de tensión, ya sea debido a una técnica aún no bien establecida, a pequeñas imperfecciones no detectadas a tiempo que han podido ir a más o a un exceso de nerviosismo a la hora de tocar. A menudo todo ello provoca que el alumno quiera inconscientemente controlar la emisión únicamente con la embocadura, sujetando la caña de forma inadecuada: en lugar de colocar las notas agudas enviando el aire con la presión correcta, pretende asegurarlas apretando la caña y  la tensión acumulada a causa de los nervios hace que se aferre a la caña como su única tabla de salvación. Si no lo corregimos a tiempo, todo esto nos conduce a un callejón sin salida que impide cualquier avance con el instrumento. Es fácil caer en el círculo vicioso que se crea al tener un exceso de tensión que produce un peor sonido, que a su vez aumenta la tensión que repercute en el sonido, y así indefinidamente. Debemos romper ese círculo en algún punto. Hoy lo haremos desde la embocadura.

Al principio el trabajo no es fácil, y hablo por experiencia propia. Cuando era estudiante, a los dieciséis o diecisiete años, tenía una buena lectura, no tenía problemas de mecanismo y musicalmente me desenvolvía bien, pero mi punto débil durante una temporada fue la emisión. Era en esa edad en la que ya se es consciente de qué suena bien y qué no tanto, y a todos nos espanta que el oboe suene a gaita. Como suele ocurrir, empecé a usar cañas más duras y a sujetar más la embocadura, todo ello inconscientemente. Como resultado, mi sonido se iba estrechando, me iba cargando de tensión y tenía problemas de afinación. Cuando trabajaba con mi profesor este problema que había aparecido se me hacía muy difícil aflojar la embocadura, porque me parecía que el sonido resultante estaba demasiado abierto y no era capaz de controlarlo, lo que hacía que volviera a sujetar en exceso. Hasta que realmente fui consciente de que si no conseguía relajar esa tensión no podría avanzar con el oboe. Una vez me hube dado cuenta del  problema empecé un trabajo sistemático de la embocadura a la vez que un trabajo concienzudo de la emisión. Con la adecuada combinación de ambos conseguí mejorar en poco tiempo. Quizá porque tuve esos problemas hace años y supe cómo solucionarlos me gusta tanto trabajar todo el mecanismo de emisión en el oboe.

Os propongo unos ejercicios que suelo practicar cuando detecto que alguno de mis alumnos tiene un exceso de tensión en la embocadura:

1.- En una postura cómoda, tras una buena inspiración, hacemos con el oboe una nota tenida en una tesitura cómoda, con la embocadura habitual. La nota debe mantenerse estable en toda su duración.

2.- Repetimos la misma nota pero poco a poco vamos variando la presión sobre la caña, primero apretando y luego aflojando, como en el ejercicio nº 5 que hacíamos con los principiantes, siempre cuidando de que el sonido no se corte. La nota subirá y bajará según cambie la embocadura. Lo principal es que notemos que tenemos flexibilidad en la embocadura, que no es algo fijo y que la podemos mover a voluntad.

3.- Ahora repetiremos el ejercicio anterior, pero nos detendremos en el punto en que consideremos que la nota tiene un mejor timbre: sale fluida, limpia y rica en armónicos. Puede que no esté afinada, seguramente estará algo baja, pero eso lo solucionaremos en el ejercicio siguiente.

4.- Si estamos trabajando para eliminar tensión de la embocadura, seguramente la nota con el sonido ideal la habremos encontrado en una posición un poco más abierta, con lo que habrá quedado algo baja. Es el momento de aplicar lo estudiado en los ejercicios de emisión: comprimiremos el aire un poco más (recordad los ejercicios con o-e-i), con lo que ganará velocidad y la nota estará afinada. Sobre todo hay que evitar la tentación de volver a apretar para afinar la nota. Con la combinación justa entre embocadura y mecanismo de emisión conseguiremos tocar afinado y con la mejor calidad de sonido.

Es mejor empezar estos ejercicios con notas de emisión fácil, pero poco a poco debemos practicarlos en toda la extensión del instrumento hasta encontrar la colocación ideal de cada nota en cualquier registro y con cualquier intensidad. Os animo a buscarla.

Hoy hemos hablado de cómo solucionar posibles problemas. En el próximo artículo hablaremos de cómo utilizar la embocadura para obtener con seguridad diferentes colores en el sonido.

 

JMR

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