Apuntes de técnica X. Asociación y disociación

wp_20160815_11_58_08_proEn el artículo de hoy no hablaremos de ningún aspecto en concreto de la técnica del oboe, sino que empezaremos a hablar de planteamientos y estrategias para un mejor aprovechamiento del estudio. En este blog siempre hemos hablado de lo importante que es tener una buena planificación y saber cual es el objetivo de cualquier trabajo o ejercicio que estemos haciendo con el instrumento. Esto supone un esfuerzo de análisis y de concentración, pero es evidente que no se puede mantener una completa atención durante un tiempo muy prolongado. Por otro lado, hay una parte importante del estudio del músico que se basa en la repetición de gestos aprendidos previamente con el fin de mecanizarlos de forma que salgan de forma automática. Este trabajo puede llegar a ser aburrido, pero es imprescindible (no es lo mismo saber cómo se corren veinte kilómetros que correrlos realmente), por eso hay que buscar momentos en los que relajar la mente, incluso durante el estudio. Saber asociar (concentrar toda la atención en lo que estamos haciendo) y disociar  (permitir que la mente se evada en determinados momentos del trabajo mientras la tarea sigue realizándose en segundo plano).

En esto también nos puede ayudar la compararción entre la música y el deporte: cuando uno empieza una sesión de entrenamiento debe hacerlo de la forma más suave y gradual posible, hasta entrar en calor. Se puede concentrar en la pisada, en el ritmo, en la respiración, en la posición del cuerpo… pero no puede pensar en el esfuerzo durante dos horas, sería extenuante. Hay un momento, cuando ya hemos entrado en calor, en que las piernas empiezan a ir solas sin que les prestemos atención, y sin darnos cuento el ritmo va siendo más rápido y los movimientos más libres. Es entonces cuando la mente viaja lejos y se ocurren ideas (como escribir este artículo). Por eso es importante saber sobreponerse a la sensaciones  no siempre positivas del inicio de una sesión de entrenamiento. A veces empezamos un poco cansados, o sin demasiadas ganas, o el tiempo no acompaña, y lo más fácil sería volver a casa. Pero vale la pena seguir hasta traspasar ese umbral a partir del cual el esfuerzo se hace más llevadero.

Igual ocurre con el instrumento: aunque no sea nuestro mejor momento, ni tengamos la mejor caña, vale la pena seguir y cumplir con el estudio programado. Al principio, y sobre todo hasta conocer bien la mecánica del ejercicio propuesto, debemos prestarle mucha atención y estar concentrados en él. Pero si hemos planificado muchas repeticiones del mismo ara asentarlo y automatizarlo, no es estrictamente necesario pensar cada una de ellas, quizá sea más rentable dejar que la mente viaje un poco por sí sola, manteniendo un mínimo de atención en las repeticiones. Después de éstas podemos repetir el ejercicio una vez más, esta vez supervisando bien que lo hacemos correctamente. Hay determinado trabajo técnico que podemos hacerlo incluso con música de fondo ¿por qué no? Se nos hará más llevadero y educaremos a nuestra mente a focalizar la atención allí donde es necesaria y en el momento en que hace falta. Es esta combinación de atención y relajación la que permite hacer un entrenamiento o una sesión de estudio larga con pleno aprovechamiento.

Este tipo de trabajo de asociación y disociación, además, nos prepara muy bien para las circunstancias reales de un concierto: nunca estaremos perfectamente tranquilos y concentrados, seguro que abra alguna puerta que se abra en el momento más inoportuno y siempre, siempre, oiremos el inevitable papelito que envuelve el caramelo de alguien del público. Si estamos acostumbrados a tocar solo en circuntancias de control total, cualquiera de estos acontecimientos pueden descentrarnos y hacernos perder la concentración. Pero si, en cambio, nos hemos entrenado para controlar y optimizar nuestro nivel de atención, afrotaremos cualquier imprevisto con seguridad.

Otro caso no muy conveninete durante una actuación es la sensación de hipercontrol. Existe un punto óptimo de concentración en lo que estamos tocando en el que damos lo mejor de nosotros mismos, más allá se produce un exceso de atención en el que la música deja de fluir y nos fijamos más en los aspectos técnicos y en evaluar qué está fallando y qué está saliendo bien, lo que nos resta naturalidad y, a la vez, seguridad. Es igual de perjudicial estar pensando en lo que está fallando que pensar en qué está fuancinando mejor. El momento de tocar no es el de hacer valoraciones. Éstas ventrán a posteriori. Si no, la interpretación se volverá mecánica inevitablemente.

Si trabajamos de vez en cuando en condiciones de concentración relativa estaremos preparados para solventar cualquier inconveniente que se presente durante el concierto y para volver a recuperar, siempre que la necesitemos, la sensación de fluir al tocar.

 

JMR

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