Cómo afrontar el principio del curso sin desanimarse

Estos primeros días, al empezar una nueva temporada después de algunas semanas de vacaciones, pueden ser de los más importantes del curso y los que determinen con qué ánimo y aspiraciones afrontamos el inicio del mismo.

El período vacacional es absolutamente imprescindible para nuestra higiene mental y para ayudarnos a olvidar las tensiones del final de la temporada anterior. No debemos sentir una sensación de culpabilidad por haber descansado unas semanas y haber dedicado el tiempo a otras cosas que nos hayan hecho disfrutar del verano. Ahora bien, llegado el momento de reiniciar la actividad habitual es necesario saber qué sensaciones vamos a encontrar y organizar nuestro trabajo para poder recuperar nuestro nivel anterior de la manera más eficaz posible.

Lo mismo que le ocurre a un músico que ha dejado un poco de lado su instrumento para irse de vacaciones le pasa a un corredor que por cualquier motivo ha tenido que parar su actividad deportiva durante una temporada y en un momento determinado decide retomarla: los primeros días de vuelta a la actividad son duros de verdad, las sensaciones físicas son desagradables y ni las facultades artísticas en un caso ni el ritmo de carrera en el otro son los que se habían dejado antes de la pausa. Es la experiencia la que en estos momentos nos hace saber que no es más que lo que cabría esperar, que esas son sensaciones pasajeras, y que la constancia en el estudio o el entrenamiento y el seguimiento de una buena planificación nos harán recuperar en poco tiempo las facultades perdidas, con el añadido de la motivación extra que proporciona el haber descansado.

Como os comenté en algún otro artículo de este blog, el curso pasado estuve bastante atareado con la redacción de mi primer libro. Fue un proyecto muy motivador para mi, pero que hizo que dejara prácticamente de lado la actividad deportiva durante casi siete meses. Es verdad que salía a correr de vez en cuando, pero sin seguir ninguna planificación y sin ningún objetivo a la vista. La  estimulación que me suele proporcionar el correr la encontraba durante esa temporada sentado al ordenador dando forma a mis ideas. Al llegar el verano, con el libro ya entregado y a la espera de su publicación, decidí empezar con mi nueva temporada deportiva, con varias carreras en el horizonte antes del fin de año. Sabía que estaría muy desentrenado, por eso mi estrategia de recuperación para no lesionarme y reforzar mi motivación fue empezar con muy poco kilometraje y a un ritmo realmente fácil. Cuando digo muy poco kilometraje quiero decir eso: muy poco kilometraje. Cuando corro planificadamente en plena temporada suelo hacer rodajes de entre quince y veinticinco kilómetros, pero la primera semana de vuelta a los entrenamientos consistió en salidas de tres (si, tres) kilómetros, y a ritmos de casi seis minutos por kilómetro, cuando actualmente suelo estar  en torno a cinco (los años no pasan en balde).

Puede parecer muy poco, pero eso era exactamente lo que necesitaba. No me preocupaba la brevedad del entrenamiento ni la lentitud, porque lo que estaba buscando en realidad era recuperar las sensaciones que tenía en noviembre. La experiencia me decía que si las encontraba y me sentía a gusto, el ritmo y la resistencia irían llegando por sí solas. La segunda semana las salidas fueron de cinco kilómetros, y la siguiente de ocho. Todavía sin mirar el cronómetro, pero sintiendo que poco a poco las sensaciones iban volviendo. En estas etapas de la pretemporada, máxime cuando se ha estado parado por un tiempo prolongado, es fácil caer en el desánimo si se compara lo que se está consiguiendo con lo que se era capaz no hace tanto tiempo. Por eso es muy importante lo que nos enseña la experiencia. No se trata de tener fe, si no de conocerse a uno mismo y confiar en que las estrategias y la forma de entrenar que han servido otros años serán también adecuadas en esta temporada.

En este proceso de vuelta a la actividad normal siempre hay un día clave: antes de este día persisten las dudas acerca de si se va a ser capaz de afrontar los retos de otros años o si la edad empieza a pasar factura y quizá ya no valga la pena, pero ese día concreto, sin saber muy bien porqué (aunque quizá la perseverancia y la confianza tengan algo que ver), las buenas sensaciones se suman a las las cualidades recuperadas y se es capaz de recorrer una buena distancia al ritmo deseado al principio de la pretemporada. A partir de ese día se afronta cualquier reto razonable con la misma confianza de siempre: ahora ya estoy corriendo otra vez más de veinte kilómetros sin problemas, y me voy encontrando bien preparado para las carreras que quiero correr este otoño.

Todo esto que hemos comentado acerca del entrenamiento de un corredor de fondo se puede aplicar igualmente al estudio de un instrumento. Es un hecho contrastado que no es posible mantenerse al cien por cien de capacidad física, técnica y artística durante todo el año, es necesario intercalar durante el curso períodos de descanso más o menos prolongados, y generalmente el más largo coincidirá con las vacaciones de verano. Muchos estudiantes se sienten culpables por haber dejado su instrumento relativamente de lado durante varias semanas, pero seguramente no sean conscientes de que quizá esa haya sido la mejor forma que han tenido de estudiar en el mes de agosto. Ahora es el momento de recomenzar, con ejercicios bien escogidos y mucha paciencia, hasta que se recuperen las buenas sensaciones.

Esta temporada de recuperación puede ser muy breve si está bien planificada y se es consciente de qué sensaciones pueden aparecer, cuales son las que se deben buscar y cómo utilizarlas en nuestro favor. Si en los primeros primeros días de estudio se pretende estar al nivel que se dejó al final del curso anterior es fácil caer en el desánimo, pero si se es capaz de apreciar la progresión que se va logrando con el trabajo del día a día, el éxito está garantizado.

Ahora bien, es fundamental saber sobreponerse cada día a los primeros minutos de estudio o de entrenamiento, en los que la actividad puede parecer más dura y menos satisfactoria. Es en esos momentos cuando vienen a la mente mil y un motivos para dejarlo por hoy y dedicar el tiempo a otra cosa. Pero si se es capaz de perseverar para superar ese primer cuarto de hora se comprobará que las buenas sensaciones van llegando poco a poco. Ese comienzo de la sesión se puede utilizar como calentamiento, corriendo a ritmo muy suave o, en el caso del instrumento, dedicándolo a hacer una relajante sesión de notas tenidas o ejercicios suaves de flexibilidad prestando atención a cada gesto. Sin darnos prácticamente cuenta, en un rato estaremos en mejores condiciones físicas y más centrados para hacer el resto del trabajo que hayamos programado, y la acumulación de días de trabajo bien realizado nos llevará en poco tiempo a nuestro nivel habitual.

Lo principal es saber encontrar siempre buenas sensaciones tanto físicas como mentales mediante un nivel de trabajo y de exigencia adecuados al momento de estudio en el que nos encontramos, sin intentar quemar etapas demasiado rápido y sin saltar ninguna fase de la planificación que nos hayamos fijado para recuperar nuestro nivel en el menor tiempo posible.

Como siempre, el secreto está en el compromiso personal, una buena planificación y la constancia.

Os deseo un exitoso curso 2017-2018

 

JMR

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