Porqué hacemos escalas (porque las hacemos, ¿verdad?) I

Parece un tópico decir que, además de trabajar el sonido a base de notas tenidas y ejercicios similares, una gran parte del estudio técnico del instrumentista debe estar basado en unas buenas sesiones de escalas, pero no es hasta cuando uno tiene cierto grado de experiencia que se da realmente cuenta de lo importante que es este tipo de trabajo y la cantidad de tiempo de estudio que ahorra.

Cuando hablo de escalas me refiero a todo tipo de ejercicios que utilizan series de notas y giros de una forma ordenada y en progresión. Pueden ser escalas propiamente dichas, escalas en terceras, cuartas o cualquier otro intervalo, arpegios, ejercicios de intervalos repetidos, secuencias de notas que se repiten sobre cada grado de la escala o cualesquiera otros que se pueden encontrar en multitud de libros y métodos.

El objetivo a la hora de realizar cualquiera de estos ejercicios no debe ser únicamente tocar esas series de notas a una velocidad cada vez mayor, sino conseguir hacerlo con fuidez y limpieza tanto en la digitación como en la unión entre las notas. En este último aspecto es fundamental prestar atención a mantener en todo momento un buen control de la columna de aire y a que la dirección de éste sea constante a pesar del cambio de notas o de los saltos que pueda haber. Como en tantos otros aspectos de la técnica del instrumento (afinación, picado, vibrato, articulación, etc.) la condición indispensable y el principio primordial es la columna de aire. Si ésta no está correctamente formada y mantenida iremos acumulando una corrección sobre otra haciendo más dificultosa y antinatural nuestra forma de tocar. Al hacer ejercicios de mecanismo como las escalas no debemos pensar únicamente en el movimiento de los dedos, sino también en si éste se ve facilitado por una correcta emisión del sonido. La emisión, en cuanto al envío del aire se refiere, es prácticamente idéntica si estamos tocando una nota larga o una serie de escalas, el movimiento de los dedos debe interferir lo menos posible.

El trabajo de escalas también sirve para acostumbrar al instrumentista a pasar por una multitud de combinaciones de notas en diferentes tonalidades a fin de acostumbrar a la musculatura a realizarlas con eficacia, de forma que cuando encuentre pasajes similares en una obra del repertorio no supongan una dificultad añadida que interfiera con su interpretación. Por otro lado, el dominio de estas secuencias ayuda mucho a la lectura a primera vista cuando abordamos una obra nueva, porque podemos percibir de un vistazo cada grupo de notas y reconocerlo como parte de alguno de los ejercicios de este tipo en lugar de como notas independientes.

En este ejemplo, extraído del libro, podéis ver la misma frase escrita de dos maneras: en primer lugar como notas iguales y a continuación como se suele escribir normalmente. En el segundo caso es fácil apreciar, aunque sea de forma inconsciente, cada grupo de cuatro notas como parte de una secuencia de la escala, o de la escala en terceras, o de un arpegio, lo que no es tan evidente en el primer caso.

Esta percepción es similar a la que utilizamos al leer un texto escrito: no leemos cada una de las letras ni de las sílabas por separado, sino cada palabra completa o cada grupo de palabras del que intuimos el significado. Esto es porque asociamos lo escrito con las secuencias de letras habituales que forman las palabras a las que estamos acostumbrados en nuestro idioma. Si, en cambio, intentáramos leer un texto que utilice en mismo alfabeto y sistema de pronunciación pero estuviera escrito en un idioma que desconocemos, necesitaríamos leer cada sílaba de una forma muy torpe, y probablemente nuestra lectura carecería de sentido. Lo mismo ocurre al tocar: si no tenemos disponibles de forma inmediata e intuitiva las combinaciones de notas más habituales deberemos hacer un trabajo extra cada vez que aparezcan en una obra, en lugar de tocarlas rápidamente y con menos esfuerzo.

Es cierto que esas dificultades también se pueden trabajar directamente sobre las obras, pero esto puede ser una forma de viciarlas y de frustrarse con ellas al encontrar una dificultad inesperada allí donde no debería haberla disponiendo de una técnica adecuada. De esta forma es fácil desanimarse antes de haber encontrado el sentido a la obra y haber explorado sus posibilidades solamente por no poder hacerles frente de forma cómoda desde el punto de vista técnico. Siempre es recomendable que nuestro nivel técnico vaya un poco por delante de las necesidades de las obras que debemos tocar. No hace falta que sea muy superior, pero sí lo suficiente como para que cada obra no se convierta en un reto técnico y podamos concentrarnos en lo que realmente es el sentido de la obra: transmitir sensaciones al que nos está escuchando.

En próximos artículos iremos comentando estos y otros aspectos del trabajo de mecanismo y digitación, pero no como un fin en sí mismo, sino siempre entendido como un medio para llegar de forma confortable a las obras y concentrarnos de forma libre en su interpretación.

 

JMR

 

 

 

Anuncios

One response to “Porqué hacemos escalas (porque las hacemos, ¿verdad?) I

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s