Empezar a estudiar un instrumento

Otros años hemos abierto el curso con un artículo sobre cómo hemos empezado el mismo después del merecido paréntesis estival y cual es la mejor manera de recuperar nuestro nivel anterior y seguir mejorando. También hemos hablado de lo necesario que es un cierto tiempo de descanso más o menos activo, según el nivel y las necesidades de cada uno, para relajar el cuerpo y la mente y empezar el nuevo ciclo con energías renovadas. Esta vez hablaremos del comienzo mismo del estudio de un instrumento porque algunos de vosotros, o quizá vuestro hijos, estaréis en estos días dando vuestras primeras clases en la Escuela de Música, y otros muchos habréis recibido a nuevos alumnos con edades e intereses muy diversos.

No hay un momento ideal predeterminado para iniciarse con un instrumento: se puede empezar con siete u ocho años, o incluso antes según cual sea el instrumento, y también se puede empezar en la  adolescencia o en la edad adulta buscando una nueva actividad con la que desarrollar las propias inquietudes y capacidades. En cada uno de estos casos los objetivos y expectativas deberán ir en consonancia con la edad y capacidades de cada persona para conseguir la satisfacción que se busca y no caer en la desmotivación.

Son muy diversas las razones que pueden acercar a una persona al mundo de la música, desde la tradición familiar -en este sentido podemos decir que este es un oficio bastante endogámico- hasta la búsqueda de un futuro profesional, sin olvidar a quienes sin partir de un entorno musical previo buscan una afición que les ofrezca una nuevo ámbito de relaciones sociales. Este punto de partida, junto con otras consideraciones como la edad o las posibilidades de dedicación y conciliación con otras actividades marcarán las expectativas que cada cual puede marcarse para que su experiencia con el instrumento sea satisfactoria.

Cualquiera de estas motivaciones iniciales y los objetivos que se marquen son igual de válidos y merecen el mismo respeto, porque es a cada persona a la que deben satisfacer según sus aspiraciones, y no a los demás. Es fácil caer en la tentación de menospreciar a quien se conforma con ser un buen aficionado o, por el contrario, envidiar al que aspira a ser un profesional. En ambos casos se trata de una pérdida de la perspectiva, porque estas dos personas simplemente se han marcado objetivos diferentes, y si sus aptitudes y dedicación están en consonancia con ellos pueden lograr el mismo grado de satisfacción. Probablemente ese aficionado al que alguien mira por encima del hombro sea un buen profesional en otro ámbito, además de tocar su instrumento, y ese admirado profesional ha tenido que invertir muchas horas de esfuerzo para llegar a serlo, algo a lo que muchos no están dispuestos. El resultado final suele ir en consonancia con una combinación de las aptitudes iniciales y el trabajo realizado. Si se es consciente de las primeras y se sabe ponderar la capacidad y posibilidades de llevar a cabo el segundo, el resultado final se acercará bastante a lo deseado.

La mayoría de los estudiantes de un instrumento se inician en una Escuela de Música. Estos centros son más complejos de lo que parecen a primera vista: un Conservatorio Superior atiende a alumnos de nivel universitario que ya han hecho su elección de la música como posible futuro laboral, y a un Conservatorio Profesional acuden alumnos que aspiran a ello, en ambos casos tras superar una prueba de acceso.Una Escuela de Música, en cambio, tiene que atender a tres tipos distintos de alumnado, cada uno de ellos con sus propias aspiraciones, que merecen una atención diversificada y específica.

  • La mayoría de los alumnos de una Escuela se inician a los siete u ocho años y, si no existe una clara tradición familiar como hemos mencionado antes, sin una idea clara de lo que quieren hacer con su instrumento. Con el tiempo, este alumnado se suele dividir en dos grupos.
    • Aquellos que deciden continuar sus estudios en un Conservatorio y preparar la prueba de acceso.
    • Los que deciden hacer de la música una gratificante afición sin la presión de los estudios reglados.
  • Por otra parte, las Escuelas de Música también atienden a alumnado adulto que desde un principio busca aprender un instrumento como aficionado, aunque sin renunciar a tocarlo con cierta habilidad y corrección técnica.

Como se ve, los tres grupos son diferentes en cuanto a expectativas  y edad, y el tratamiento que se dé a uno de ellos probablemente no será el más  adecuado para los otros dos. Existe suficiente literatura de cualquier instrumento como para encontrar el método y las piezas más adecuados para cada estudiante. Si bien se puede comenzar siempre con el mismo libro -cada instrumento y cada profesor tiene su método preferido- para intentar una valoración objetiva de las aptitudes del alumno, es probable que al poco tiempo se perciba que aquél con especial habilidad o motivación vaya necesitando otro repertorio que le mantenga interesado, y también suele ocurrir que el alumnado adulto no encuentre interesantes piezas dirigidas a un público infantil.

Es habitual observar la utilización de cierto repertorio, muy del gusto de los estudiantes más jóvenes, para mantenerlos motivados, pero esto trae como contrapartida que suelen ser piezas limitadas a un par de tonalidades y utilizando una corta extensión del registro del instrumento, lo que puede frenar la progresión del alumno. No se debe olvidar que parte del alumnado de la Escuela quizá más adelante desee dar el salto al Conservatorio Profesional, y para eso necesitará ciertas destrezas técnicas y dominar cierto repertorio. Por el contrario, la utilización de repertorio exclusivamente técnico es fácil que haga caer en la desmotivación al acumular dificultades sin una aplicación musical inmediata. Es por  todo esto que el repertorio utilizado en la clase debe ser personalizado y estar en constante revisión para facilitar el progreso del alumno manteniendo su interés por el instrumento, haciendo un equilibrio entre lo que el alumno demanda y lo que necesita según el criterio de su profesor para seguir progresando.

Ánimo con el principio de curso

 

JMR

 

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