Apuntes de técnica V. La columna de aire (5ª parte. Resumen y ejercicios)

En este artículo resumiremos lo trabajado hasta ahora y propondremos una serie de ejercicios con la finalidad de afianzar nuestro control de la emisión y conseguir la afinación con seguridad en cualquier tesitura.

En el último artículo explicamos de qué depende el volumen del sonido —de la cantidad de aire que pasa por la caña— y de qué su altura —presión y velocidad de aire—.

  • A mayor presión —como cuando pasamos de vocalizar  O  a  vocalizar I— el aire se comprime y adquiere más velocidad, lo que hace que el sonido suba.
  • Por otro lado, al aumentar el apoyo en el diafragma sale más cantidad de aire, con lo que aumenta la intensidad del sonido.

Intensidad y frecuencia

Pero la acción simultánea de estos dos hechos conlleva varios efectos que deben ser tenidos en cuenta.

Si simplificamos el mecanismo y, como hemos explicado en artículos precedentes, consideramos el apoyo en el diafragma como el depósito general desde el que enviamos el aire, la garganta como la tubería que lo canaliza y el entorno de la boca —parte alta de la garganta, trasera y lateral de la lengua y embocadura— como la válvula que lo controla, podemos hacer varios experimentos para observar qué ocurre si modificamos solo alguna de las variables:

  • Si aumentamos paulatinamente el apoyo en el diafragma y hacemos pasar una mayor cantidad de aire por una tubería de igual diámetro el aire se comprimirá, adquirirá más velocidad y la entonación subirá.
  • Si, por el contrario, hacemos pasar menos cantidad de aire por ese mismo tubo, perderá presión y el sonido bajará.

Resulta evidente que se hacen imprescindibles ciertas correcciones para mantener la afinación y la proyección del sonido:

  • Si queremos hacer un crescendo debemos ir ahuecando la garganta y la embocadura para que el aire extra que pasa por ellas no se comprima más de lo necesario.
  • Si hacemos un diminuendo tenemos que concentrar nuestra atención en la posición de la lengua, que será un poco más elevada que al tocar más fuerte, de forma que se mantenga la velocidad del aire a pesar de estar tocando con una cantidad menor.
  • En pianissimo probablemente necesitaremos ayudarnos con la embocadura, sujetando un poco más con las comisuras de los labios —nunca con el centro de la embocadura, para no ahogar el sonido—.

Lo explicado en el párrafo anterior es fácil de comprobar tocando una nota larga solo con la caña. No importa qué sonido sea, mejor si es el que la caña nos proporcione sin esfuerzo y sin hacer grandes correcciones. Comprobaremos que, si no corregimos la embocadura y lo que la rodea garganta, posición de la lengua, músculos faciales, la altura del sonido sube de altura al tiempo que crecemos y baja al disminuir. Esto también nos ocurrirá con cualquier otra nota. 

EJERCICIOS

Para controlar la emisión en diferentes intensidades de sonido podemos hacer varios ejercicios solo con la caña:

  1. Una vez hayamos conseguido una estabilidad razonable sobre varias notas con la caña —entre un Si y un Do# aproximadamente, las notas que se corresponden aproximadamente la las posiciones de los tres registros del oboe— intentaremos mantener el control mientras hacemos un crescendo en cada una de ellas por separado. Iremos echando progresivamente más cantidad de aire aumentando el apoyo en el diafragma, cuidando de ir abriendo la embocadura en la medida justa para que la nota se mantenga afinada. En todo momento tenemos que controlar la colocación de los labios para que no se salgan.
  2. El ejercicio contrario —una nota larga con la caña de ff a pp nos obligará a relajar gradualmente el apoyo en el diafragma sin sobrepasar el punto crítico en el que perderíamos la continuidad del envío de aire y, para compensar la pérdida de presión causada por un caudal menor de aire, a concentrar nuestra atención en el interior de la boca. Debemos canalizar el poco aire que echamos al final de cada nota para que llegue en perfectas condiciones hasta la caña y sí conseguir que la afinación se mantenga. Puede ayudar el pensar en un embudo que lleva el aire desde la garganta, que está bien abierta para no perder proyección de sonido hasta los dos incisivos superiores. También ayuda pensar en la pronunciación de una “Ufrancesa, o en dirigir el aire hacia los incisivos superiores. En todo caso prestaremos especial atención a no apretar con la parte central de los labios, aunque sí podemos aumentar la sujeción con las comisuras.
  3. No nos queda más que unir los dos ejercicios precedentes: notas largas en crescendo-diminuendo haciendo las oportunas correcciones para mantener en todo momento la afinación y amplitud del sonido con diferentes intensidades. Este ejercicio se debe hacer de forma muy relajada, priorizando la búsqueda y reconocimiento de las sensaciones correctas sobre hacer un gran número de repeticiones. Es preferible hacerlo sentado porque se hace más fácil sentir el apoyo del diafragma. Debemos trabajarlo con cada una de las notas que podamos producir con la caña, al igual que los dos ejercicios anteriores, velando por que la afinación de cada una de ellas permanezca invariable.

Hasta ahora hemos hecho una única nota cada vez, con un cambio progresivo en la intensidad del sonido que nos permitía reconocer el mecanismo exacto que teníamos que utilizar para ir compensando la diferente cantidad de aire en circulación. Podemos ir añadiendo grados de complejidad al ejercicio:

  1. Después del crescendo y antes de comenzar el diminuendo cortamos la nota, respiramos relajadamente y volvemos a atacar la nota justo en el punto en que la hemos dejado, tanto en altura como en intensidad. Esto nos obliga a memorizar cómo teníamos la colocación de todo el aparato de emisión, desde el diafragma hasta la embocadura, y a saber reproducirlo después de una pausa.Ejercicios 2a
  2. El siguiente paso será combinar los ejercicios anteriores con un cambio de nota un semitono hacia arriba o hacia abajo—, y tras el cambio hacer un diminuendo. También podemos hacer una pausa, como en el ejercicio anterior, pero en todo caso la prioridad debe ser siempre conseguir el máximo control del sonido con la mayor relajación posible.Ejercicios 2b
  3. Después de haber interiorizado el mecanismo mediante el cual conseguimos producir cada nota en cada nivel de intensidad podemos empezar a buscar cada una por separado, ayudándonos de un afinador o, mejor aún, de un teclado, para ir educando el oído. Antes de atacar la nota debemos decidir cuál va a ser —un Si, un Do, un Do#, un Re,etc.— y con qué volumen. Con un poco de práctica conseguiremos la altura e intensidad del sonido que deseamos desde el principio de la nota, y eso nos ayudará a atacar con confianza cualquier nota cuando estemos tocando con el oboe.

Podemos hacer todas las combinaciones de notas que se nos ocurran, ligándolas o con las articulaciones que queramos. También con o sin pausas. Todos estos ejercicios nos ayudan a reconocer la posición de cada nota con cada nivel de intensidad y esta memorización nos resultará de gran ayuda cuando tengamos que encontrar las notas más difíciles con el instrumento, porque de esta manera sabremos cómo buscarlas.

Ejercicios 3

No importa demasiado con qué caña los hagamos mientras tenga un mínimo de flexibilidad y estabilidad; no hace falta que sea nuestra mejor caña. Además, si vamos haciendo estos ejercicios con cañas diferentes aprenderemos a adaptarnos a cualquier circunstancia y a abrir el abanico de cañas con el que somos capaces de tocar. 

El último paso será pasar estos ejercicios al instrumento, teniendo en cuenta que lo que hemos hecho para movernos un semitono con la caña es aproximadamente lo que necesitaremos para afinar una octava con el instrumento.

Fig. 4.9.- Octavas2

Podemos repetir todos y cada uno de los ejercicios anteriores trasladándolos al oboe, haciendo cambios de registro —octavas, quintas, arpegios lentos, etc.— de la misma forma que hemos hecho cambios de nota con la caña, hasta que hayamos mecanizado el movimiento y sepamos reconocer el lugar de cada nota y conseguirla con su mejor sonoridad.

JMR 

 

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