Apuntes de técnica VI. Embocadura (1ª parte)

En los primeros artículos de esta temporada tan extraña nos fijamos en la columna de aire, en las partes que la componen y en su control. En los tres de esta semana dirigiremos nuestra atención a la conexión entre el aparato respiratorio y el instrumento describiendo la función que desempeña la embocadura. Propondremos algunos ejercicios, especialmente interesantes para los debutantes pero que también se pueden emplear como refuerzo y mejora de la técnica de los oboístas más avanzados.

El oboe, al ser un instrumento de doble lengüeta es especialmente sensible a la colocación de los labios y a la presión que éstos ejercen sobre la caña. No dispone, como otros instrumentos, una boquilla rígida sobre la que poderse apoyar y no es fácil encontrar el punto justo de sujeción de la caña, sobre todo en los comienzos con el instrumento: por un lado se debe evitar el descontrol del sonido, pero también es necesario permitir que este fluya con facilidad.

Siempre hay que tocar de forma relajada, pero es imprescindible un mínimo de tensión para sujetar la caña y no perder la velocidad del aire que se habrá conseguido de la forma que se describió el los primeros artículos de esta serie. También debe tenerse en cuenta que la diferencia del tamaño y forma de los labios y de los dientes de cada instrumentista hace que se deba adaptar la teórica posición ideal dela embocadura a la morfología concreta de cada uno.

Para qué sirve la embocadura

La función principal de los labios es conducir el aire hasta la caña con la velocidad y cantidad que cada nota precisa evitando pérdidas, pero no lo es provocar por sí misma esa compresión y velocidad del aire —de hacerlo con la embocadura se resentirían la amplitud y la calidad del sonido—. Por otro lado, los labios ayudan a conseguir diferentes colores en el sonido efectuando ligeras variaciones en la presión ejercida sobre las comisuras, pero nunca directamente sobre el centro de la caña.

En este primer artículo se partirá de las posiciones más básicas y en los dos siguientes se profundizará en el control de la embocadura con otros ejercicios y explicaciones algo más complejas.

Los estudiantes menos experimentados —o todos aquellos que deseen analizar su técnica de embocadura— pueden comenzar con los siguientes ejercicios delante de un espejo:

  1. Sin la caña, introducir los labios en la boca observando en qué medida se pueden cubrir los dientes y, a ser posible, evitando que los labios se vean desde fuera. Basta con que los labios estén dentro de la boca, no hace falta ejercer presión alguna con la mandíbula, y la cara debe permanecer completamente relajada. Son los labios los que deben mantenerse en su sitio por sí mismos, no son los dientes los que los sujetan. Si se observa que al practicar este o los ejercicios siguientes quedan los dientes marcados en el labio debería corregirse lo antes posible.
  2. A continuación —también sin la caña—, bajar la mandíbula lentamente vigilando que los labios no se despeguen ni se salgan —se debe cuidar de que sea únicamente la articulación de la mandíbula la que se mueve—. Volver a la posición inicial y repetir el movimiento. Es un movimiento similar a masticar, pero sin ejercer demasiada presión.
  3. El siguiente paso será introducir la caña en la embocadura. Con los labios hacia adentro, abrir la boca, apoyar la caña en el labio inferior y cerrarla. Por ahora no hace falta hacer sonar la caña, ni siquiera respirar. Esta parte del ejercicio sirve simplemente para encontrar en grado de tensión justo que permite sujetar la caña sin apretar. Se puede repetir el ejercicio 2 —esta vez con la caña—, bajando y subiendo la mandíbula sin despegar los labios. Al principio será conveniente sujetar la caña con la mano, pero más adelante no será necesario.
  4. Tras el ejercicio anterior solo falta hacer sonar la caña. Una vez esté apoyada en el labio inferior se hará una buena inspiración, para a a continuación cerrar la boca y dejar que el aire salga para producir una nota larga. Se debe prestar especial atención a que al sonar la caña la posición de la embocadura se mantenga controlada, aunque siempre puede existir una pequeña diferencia con respecto al ejercicio anterior. Si se aprecia cualquier incorrección, como que se hinchen los carrillos o que los labios aprieten o se salgan, es el momento de corregirla.
  5. Por último, se puede repetir el ejercicio número dos manteniendo una nota larga, bajando y subiendo la mandíbula sin sacar ni despegar los los labios —es el primer ejercicio del apartado Antes de empezar del Cuaderno de estudio—. Lógicamente, el sonido bajará y subirá en consonancia, pero no se debe confundir este movimiento con las variaciones de altura del sonido explicadas en los artículos dedicados a la columna de aire, que se producen al variar la posición de la parte trasera de la lengua. Lo más importante será procurar que el sonido no se corte. Con este ejercicio se gana en confianza al relajar la embocadura y se reafirma la seguridad de que existe un gran margen de flexibilidad de la misma que más adelante se podrá utilizar para controlar el sonido en cualquier circunstancia.

En este vídeo pueden verse todos los ejercicios encadenados:

Ele último ejercicio puede ser utilizado por oboístas de cualquier nivel como calentamiento o como rutina de relajación de la embocadura, procurando siempre controlar el sonido con la mínima tensión posible.

JMR


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