Apuntes de técnica VIII. Embocadura (3ª parte)

Siguiendo con el trabajo de embocadura que nos ocupa esta semana, hablaremos hoy de cómo utilizarla para controlar la emisión en todos los registros del oboe y también para conseguir un mejor control del sonido. Hasta ahora hemos descrito la colocación de los labios alrededor de la caña, envolviendo los dientes con la tensión justa para que el aire no se escape y para que los labios no se salgan, pero conservando siempre una posición flexible que permita modificar y adecuar la embocadura a lo que requieran las circunstancias.

Si lo hemos hecho correctamente, habremos conseguido independizar los movimientos de los labios, la lengua y la mandíbula, lo que nos proporciona gran cantidad de recursos para modular el sonido a nuestro gusto. Esta flexibilidad es muy necesaria, puesto que constantemente es necesario adecuarse a las condiciones de la caña, que puede estar más o menos abierta o ser más o menos dura. También las condiciones de humedad y temperatura de la sala donde vamos a tocar influyen en la caña y tenemos que saber adaptarnos a ellas.

A veces se explica que para formar una embocadura correcta en el oboe hay que pensar en la vocal u. Pero suele haber un error de base: no se suele tener en cuenta que mucha de la literatura para oboe y otros instrumentos es francesa, y que en el idioma francés la pronunciación es diferente. La u tal y como se pronuncia en castellano se escribe ou, como en “Tour”, y cuando se escribe una u, como en “lune”, su pronunciación es diferente, es aproximadamente como si mezcláramos una i con una u. Para pronunciarla se colocan los labios como en una u normal, pero la lengua se coloca como si pronunciáramos una i.

Es precisamente ésa la colocación que necesitamos para tocar el oboe: los labios envuelven relajadamente la caña, la lengua un poco elevada da velocidad al aire, y los músculos faciales forman una especie de embudo que dirige el aire directamente hacia la caña.

Si, por el contrario, utilizamos la del castellano, la lengua se retrae, lo que hace que la cavidad dentro de la boca sea mayor, con lo que el aire cuando llega a la caña ya habrá perdido velocidad. Esto puede causar problemas de emisión, sobre todo en el registro agudo.

Una vez que cada uno ha encontrado su embocadura ideal, con la que siente que controla el sonido sin tensiones, tiene que trabajarla hasta tenerla automatizada. Debe ser capaz de formar su embocadura de manera casi inconsciente y de forma natural, al igual que se colocan los labios de forma inconsciente al hablar. Es evidente que no se puede conseguir si no hay el punto necesario de relajación y si aún existen tensiones en cualquier punto. Si esto ocurriera, es conveniente volver a realizar los ejercicios del artículo anterior.  

Como en todo lo que respecta a la técnica instrumental, la finalidad de todos los ejercicios es encontrar la posición idónea con el menor esfuerzo posible. Cuando ya se ha conseguido y se convierte en nuestra embocadura natural no hay que tener miedo de abrir la boca para respirar, porque siempre vamos a saber encontrar la posición correcta. Además, al respirar por la boca y no por la nariz se relajan los labios por unos instantes, lo que hace que podamos tocar durante más tiempo.

A partir de nuestra embocadura ideal y una vez que hemos conseguido el punto de flexibilidad en el que tanto hemos insistido podemos hacer las adaptaciones necesarias según lo exijan las circunstancias, o lo que estemos buscando en el sonido según sea nuestra idea sobre el fraseo. Por ejemplo:

  • La embocadura podrá estar más o menos abierta según nos lo exija la caña en ese momento, o según la tesitura o el volumen en el que estemos tocando —como vimos e artículos anteriores, se debe abrir ligeramente la embocadura al hacer un crescendo—, aunque siempre si exceder los límites que nos permiten controlar el sonido.
  • También se puede variar ligeramente la colocación de la u francesa de la que hablábamos más arriba según necesitemos un sonido más o menos brillante: Si estiramos un poco los labios el sonido tiende a aclararse, mientras que si si aproximamos un poco entre sí las comisuras de los labios el sonido se oscurece. Esto ocurre porque al mover los labios desde las comisuras su parte central queda más o menos gruesa, con lo que se puede variar el grado de amortiguación de la vibración que estos ejercen sobre la caña. Estos movimientos de los labios son mínimos y prácticamente inapreciables a simple vista, pero el intérprete puede utilizarlos para conseguir el efecto deseado. Por ejemplo, se puede aumentar el efecto de un diminuendo a pianissimo jugando con las comisuras de los labios, de forma que al oscurecer el sonido al mismo tiempo que se va reduciendo el volumen dé la sensación de estar tocando aún más piano. 

No se deben confundir los movimientos de los ejemplos anteriores con apretar la caña. En el primero de los casos la abertura de la embocadura debe ser en todo caso suficiente como para controlar el sonido sin tensión, mientras que en el segundo la mandíbula no interviene, son las comisuras de los labios y los músculos faciales que las mueven los que permiten aclarar u oscurecer el sonido. En ambos casos el centro de los labios estará siempre relajado para que la caña vibre con libertad, y en ningún caso los dientes tienen que apretar la caña. Si al acabar una sesión de trabajo nos damos cuenta de que los dientes nos han dejado marca en los labios, hay que revisar lo que estamos haciendo y volver a repasar los ejercicios anteriores.

Es interesante realizar los ejercicios de emisión con la caña que se proponen en estos artículos y en el Cuaderno de estudio sujetando ésta con la mano, puesto que cuando tocamos con el oboe este ofrece una sujeción análoga y así se puede buscar mejor una postura controlada pero relajada. Esos mismos ejercicios realizados por los estudiantes más avanzados sin sujetar la caña con la mano ayudan a encontrar la embocadura más eficiente utilizando solamente los músculos faciales, pero si aún no se domina suficientemente la técnica se pueden crear tensiones. Debe tenerse en cuenta que se trata de dos ejercicios diferentes que se pueden ir alternando.

Es recomendable repasar cada día los ejercicios de emisión y de embocadura que hemos explicado en esta serie de artículos. Bastan unos poco minutos, pero con un trabajo constante y consciente, conseguiremos automatizar nuestros gestos y disponer de una variedad de recursos que nos será muy útiles y nos darán seguridad.

JMR


2 respuestas a “Apuntes de técnica VIII. Embocadura (3ª parte)

  1. Muchas gracias Juan por compartir tus valiosos conocimientos! Es muy poco frecuente encontrar explicaciones tan claras sobre los múltiples factores que interactúan en el arte de tocar el oboe. Celebro tu iniciativa . Saludos cordiales desde Argentina!

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