Apuntes de técnica X. El estudio de las escalas II. Digitación

Como explicamos en el artículo anterior, el trabajo con las escalas nos permite adquirir ciertas destrezas que después utilizaremos en las obras del repertorio, pero este trabajo no es un fin en sí mismo, sino una de las formas más eficaces de dominar el instrumento sin enfrentarnos a las dificultades técnicas directamente en aquellas.

Quizá el aspecto más evidente que se puede trabajar con las escalas sea la coordinación y la velocidad de la digitación —aunque no sea el único, como estamos viendo en losa artículos de esta semana— .

Dentro del trabajo de la digitación podemos dividir el estudio en dos tipos:

  • Trabajo de dificultad
  • Trabajo de agilidad

Dificultad

El trabajo de dificultad se refiere a aquellos pasajes, tesituras o tonalidades con una combinación de posiciones de los dedos que los hacen especialmente complicados, frecuentemente con movimientos cruzados de los dedos —uno se levanta al mismo tiempo que otro baja—, deslizamientos entre las llaves movimiento simultáneo de muchos dedos.

El objetivo de este trabajo es conocer esas digitaciones y dominarlas a una velocidad aceptable para poder recurrir a ellas cuando las necesitemos. Pero en este caso la velocidad no debe ser una prioridad, puesto que si es excesiva puede provocar tensiones y rigidez en los dedos, además de falta de coordinación. Es mejor partir de una velocidad moderada en la que se controle la pulsación para ir progresivamente más rápido hasta llegar a la velocidad que se necesite.

Dificultades de este tipo aparecen en todas las etapas del aprendizaje del instrumento y es necesario detenerse a realizar este trabajo en detalle antes de que aparezcan problemas que entorpezcan el avance. Por ejemplo, algo tan básico como el paso de La a Do o de Fa# a La puede resultar difícil para un principiante, o más adelante el paso del Reb al Mib, o el paso entre las notas agudas. En todos estos casos merece la pena trabajar ese intervalo de dos notas hasta que el paso sea limpio y controlado.

La mejor manera de economizar el tiempo es estudiar cada pasaje con diferentes ritmos, porque al ir variando con estos la nota larga o de apoyo se mejora la coordinación de los dedos. También se puede hacer con un pasaje de tres o más notas hasta abarcar una parte importante de la escala y relacionar todas las notas.

Agilidad

El trabajo de agilidad consiste en buscar una sensación de control similar a lo largo de toda la escala. Aunque sea imposible lograrlo al cien por cien —hay notas que tienen objetivamente una digitación más difícil que otras—, el que escucha no debería darse cuenta de qué posiciones son más o menos complejas, sino oír un sonido homogéneo y un paso de notas fluido en todos los registros.

Al igual que en el caso anterior, el trabajo con ritmos ahorra mucho tiempo de estudio, pero en este caso aplicando el ritmo elegido a toda la escala en lugar de a un solo pasaje.

Cuando se trabaja con ritmos es muy importante no acentuar involuntariamente las notas de apoyo, excepto si se se quiere trabajar simultáneamente la articulación, como veremos en el próximo artículo.

Realizando este trabajo se debe prestar atención a cómo pulsan los dedos las llaves del instrumento. En el oboe es preferible que lo hagan cerca de la punta de los dedos y no con la yema, puesto que esta última posición puede llevar a que los dedos se mantengan rectos, en lugar de mantener una curvatura natural parecida a cuando se pulsan las teclas del piano. No es difícil encontrar este tacto sobre las llaves, y una vez conseguido ayuda a encontrar una mejor colocación de los dedos, y con éstos de las manos, los brazos y los hombros.

Es preferible empezar a estudiar la agilidad de los dedos en una tesitura o una tonalidad más sencillas hasta encontrar las sensaciones correctas, y después intentar extender éstas a tonalidades más complejas o a los registros extremos del instrumento. Por otro lado, no hay que fiarse de la facilidad de ciertas escalas. Por ejemplo, Sol Mayor podría parecer a primera vista la más fácil de todas porque solo se mueve un dedo en cada paso de nota. Pero es precisamente esta facilidad aparente la que provoca que en ocasiones se pierda la regularidad de la escala y hace necesario un buen trabajo con ritmos diferentes que nos permitan recuperarla.

Otra tonalidad fácil en apariencia es Fa Mayor, pero ¿qué ocurre si intentamos tocar su arpegio a velocidad?: que en en el paso entre el Fa y el La muchas veces los dedos no están sincronizados y suena un Sol, y que entre el La y el Do aparece un Si. Pueden tomarse estos intervalos como parte del trabajo de dificultad descrito al principio de este artículo hasta controlar el movimiento coordinado de los dedos y luego pasar al de agilidad en toda la escala.

Como vemos, hay un trabajo interesante que hacer en pasajes sencillos —en apariencia— pero que encierran algunas trampas para los oboístas no advertidos. Una vez encontrada la solución para éstas no es difícil trabajar escalas más complejas, pero puede ser un trabajo descorazonador si se han ido dejando por el camino pequeños problemas que acabarán provocando otros mayores.

JMR


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